Logroño, La Rioja, España. 06/01/2026.- Cada 6 de enero, la escena vuelve a cobrar vida: los Reyes Magos avanzan entre multitudes, montados en caballos que marcan el ritmo solemne de su llegada. Es una imagen profundamente arraigada en la memoria colectiva, pero cuya fuerza no proviene del texto bíblico, sino de una construcción simbólica forjada a lo largo de los siglos.
El Evangelio de San Mateo (2, 1–12) único pasaje canónico que menciona a los Magos de Oriente, guarda silencio sobre aspectos que hoy damos por seguros. No especifica su número, no los llama reyes, no registra sus nombres ni describe el medio por el cual realizaron su viaje. El relato bíblico se detiene en el sentido teológico del acontecimiento, no en su representación material. Todo lo demás pertenece al ámbito de la tradición.
Fue durante la Edad Media cuando la figura de los magos comenzó a transformarse. La exégesis cristiana los interpretó como reyes, símbolos de la universalidad del mensaje cristiano y representantes de los pueblos del mundo que reconocen al Niño Jesús. En ese contexto cultural, el caballo emergió como un elemento casi inevitable. En la mentalidad medieval europea, el caballo era emblema de autoridad, poder y dignidad. Los reyes no se concebían a pie: se manifestaban a caballo.
Desde el punto de vista simbólico, el caballo no cumple una función descriptiva, sino expresiva. No pretende decir “así fue el viaje”, sino “así debe comprenderse la grandeza de quienes lo realizan”. Montar a los Reyes Magos sobre caballos fue una manera de comunicar visualmente su rango y la importancia excepcional de su peregrinación.
El arte sacro reforzó esta imagen durante siglos. Pinturas, retablos y belenes fijaron en la iconografía cristiana a los Reyes como figuras regias en movimiento, acompañadas de animales que hablaban el lenguaje del poder. Más tarde, la tradición popular llevó esa imagen a las calles en forma de cabalgatas, donde el caballo se convirtió en parte esencial del relato festivo y ritual.
No todas las culturas imaginaron el viaje del mismo modo. En tradiciones orientales y desérticas, los camellos sustituyeron a los caballos, sin que ello supusiera contradicción alguna. Ambas representaciones responden a un mismo principio: no buscan exactitud histórica, sino sentido simbólico.
La relación entre caballos y Reyes Magos, entonces, no es bíblica, sino tradicional. Es el resultado de siglos de interpretación, arte y pedagogía visual. Un recordatorio de que la tradición no siempre intenta reconstruir los hechos tal como ocurrieron, sino transmitir, a través de imágenes compartidas, aquello que considera esencial.
Porque en la memoria cultural, el camino importa menos por su forma que por el significado que deja a su paso.
Son apuntes de un Veterinario

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